martes, 10 de abril de 2012

Sin aliento



José Bellido Nina


No había tenido presente que realizar varias actividades, puede causar cierta incomodidad, pero no estrés; es decir, mientras más ajustado se tiene el tiempo y dinero, da ganas de mandar todo al vacío (prefiero ésta y no otra palabra, por no herir susceptibilidades, digo), pero al mismo tiempo, de decirle al destino: ¿Es lo único que tienes? Algo así como: "Pónmela más difícil pe, sin importar qué o quiénes me ´joroben´ la existencia".

Sí, pues, la vida es una sola y hay que vivir (no uso la payasada de una ex legisladora, porque no hay virtud, ni una "vaina"). Pero, ¿cómo apaciguar a aquellos trastornados que te involucran en sus problemas, tratando de encontrar una solución imprevista? Hasta ahora, les he seguido la "corriente". No queda de otra. ¡Total! La tolerancia no impide la sana crítica.

Pero buscar tiempo para hacer lo que uno aprecia y fascina, como con quién compartirlo o qué cosas tomar como parte del haber y otras desecharlas, consiste una cuestión para saber que no se debe hacer.

Más allá de la confusión que encuentro en estos días, así como cierta docilidad que creo encontrar; aunque, algunas veces, me increpan de no saber perder, porque no me conformo, y ante el error, persisto en ello para no volver a hacerlo. Creo encontrar cierto respiro en esas viejas canciones ochenteras que se me quedaron en la cabeza cuando en las mañanas, antes de ir al "cole", o por las tardes y noches, cuando se encendía la radio y escuchaba música rock, no dejando de tararear esos hits, o del casete, usando el lapicero para pasar de lado A al B, o pensar cuando era niño que las emisoras radiales tenían un staff de músicos con una paciencia increíble para turnarse en el set y tocar algo que agrade al radioescucha. Lo peor, casi lo mismo todo el día (Sí, sé lo que piensan: ¡Qué est...!) La imaginación del muchacho ingenuo.

A pesar de la inocencia, esos temas que no pasan de moda (por eso son clásicos), tienen un mensaje que vale la pena dedicarle tiempo, por lo menos del tránsito de tu casa a la universidad o donde las obligaciones te llamen.

A las finales, para todo hay tiempo. ¡Por algo tengo un blog! Pero no sólo de ésto se vive.


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