Por: César Sánchez Martínez I En un artículo publicado en Caretas en los primeros años de la década de los noventa, el economista Richard Webb narraba un encuentro con un joven funcionario de la institución inglesa equivalente a nuestro Banco Central de Reserva. Webb se sorprendió bastante al descubrir que los únicos estudios del muchacho consistían en un bachillerato en Classics , es decir, en Filología Clásica. Y su sorpresa creció más cuando supo que gran parte de los funcionarios de la carrera pública británica habían entrado a esta sólo con diplomas de Historia o Filología bajo el brazo. De preferencia de Historia y Filosofía Clásicas y Filología de alguna lengua muerta y casi olvidada. Para alguien proveniente de nuestro patria, azotada cíclicamente por delirio modernizadores -que no son más que remedos de alguna corriente extranjera digerible-, y atrapada en la ilusión de los práctico, debió ser motivo de pasmo descubrir que esa especie de casta sacerdo...
DERECHO, POLÍTICA Y OTRAS COSAS