domingo, 6 de noviembre de 2011

PPK y la marihuana



José Bellido Nina


En una entrevista para Perú21, PPK opinó que el consumo de la marihuana tiene que legalizarse por ser una "droga blanda". Conclusión que hace suya porque "mucha gente dice hay que legalizar la marihuana", pero al mismo tiempo se contradice al decir que "no estoy de acuerdo con promover la marihuana, pero creo que eso arreglaría una buena parte del problema". PKK, aún tiene los aires del utilitarismo. La reducción de la vida a lo económico resulta rentable para cualquier persona, en especial para el Estado porque percibirá impuestos sobre ese bien. Un ingreso al fisco para redistribuir la riqueza con justicia social.

No nos olvidemos que el Perú se convirtió en el primer productor mundial de hoja de coca y primer exportador mundial de cocaína. Cualquier desinteresado que toma a la ligera estos temas, considerará que se suman como un triunfo equiparable al deporte; sin embargo, para un político ¿Es bueno promover sustancias nocivas para sus seguidores, los "PPKausas"? La interrogante se hace a partir de que el consumo de la marihuana se da en niños y adolescentes para convertirse en adictos al llegar a la juventud; es decir, el ex candidato presidencial pretende que exista una ley que reconozca y promueva el derecho a consumir "droga blanda". ¿Qué ciudadanos pretendemos obtener con políticas públicas como ésta?

La solución simplista que se da a este tema genera controversia. ¿Por qué? Porque el tema del consumo de droga no pasa únicamente por una decisión personal, sino una acción que desde la producción hasta su comercialización va generando estragos en la sociedad; aunado al uso de la violencia y muerte que genera los narcotraficantes, comercializadores y consumidores. En especial, cuando se ha detectado en nuestro país una unión con los terroristas, llamándolos "narco-terroristas". Entonces, un problema que pasa por la seguridad nacional y salud pública es interés del Estado.

PPK ha olvidado que las relaciones jurídicas en nuestro país se rigen a partir de un negocio jurídico que no sólo respeta el principio de legalidad, la contribución a la economía, el orden público o las buenas costumbres, pero, principalmente, debe estar guiado a un fin lícito que tiene su fundamento en la defensa de la persona humana y respeto a su dignidad. Allí se ampara nuestro Estado Social de Derecho. Por ello, las políticas públicas de salud deben orientarse a difundir y generar entendimiento en niños y adolescentes, quienes son más vulnerables a este mal, que el consumo de la marihuana genera problemas psico-somáticos comprometiendo su esfera personal, familiar y social. 

Un Estado que busca el bienestar de sus miembros no debe confundir la libertad con el libertinaje, amparándose en la excusa de ser un ente neutral que sólo ofrece condiciones mínimas de protección. Ideas promovidas desde la ideología liberal.

No debemos olvidar que el mercado se rige por una libre competencia, donde la oferta y la demanda se rige por sus propias reglas; o sea, a mayor consumo, mayor producción. La marihuana no escapa a ello por ser susceptible de tráfico comercial. Nuestro modelo económico, Economía Social de Mercado, promueve las condiciones económicas para la existencia del hombre. Tarea que no sólo se refleja en nuestra legislación nacional, también en tratados internacionales.

La solución no está en legalizar los males de la sociedad; por el contrario, está en combatir a productores, comercializadores y consumidores con penas severas, haciéndolos responsables por las consecuencias injustas de sus actos; salvaguardando la realización y desarrollo de buenos ciudadanos. Un adecuado presupuesto económico permitirá hacer tangible los objetivos.

Así las cosas, el análisis es antropológico, poniendo énfasis en lo moral, jurídico, social y político; relegando lo económico por no condicionar a los primeros al mero valor patrimonial.

No cabe duda que los políticos aplauden en un momento a la juventud y en otros nos pretenden conducir al abismo. Tampoco pienso que con esta actitud se convierta en un defensor de la democracia.


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