domingo, 23 de diciembre de 2012

El Hombre de A Cero



Por: José Bellido Nina


Tuve la oportunidad de leer el libro del amigo Juan Carlos Nalvarte Lozada, quien refleja una serie de microcuentos que no son tan alejados de la realidad, sino que muestran a personajes que, si bien él cree que no son pendejitos, sí están atrapados en un mundo deshumanizante al cual contribuyen.

El contenido refleja el imaginario de quien encontró o encuentra situaciones especiales o embarazosas, sobre todo en la niñez, adolescencia y juventud, además de una alucinación que el propio Nalvarte pondera en las descripciones y expresiones personales. De hecho, como él expresó, su libro refleja una propuesta ética. No porque la líneas evidencien una lucha constante del ser virtuoso sosteniéndose de los principios éticos, sino que muchos de los personajes no se encuentran en una sana reflexión ética de discernir lo bueno y malo de sus actos, virtud de la sindéresis. 

Cada acción se somete al sentimentalismo, revanchismo, mezquindad, placeres, etc. reflejando que los hombres de a cero no sean los buenos perdedores, aquellos oprimidos en una sociedad deshumanizada (argumento caviar, dicho sea de paso, que Nalvarte puede reprochar); ellos son en realidad malos perdedores, pues siempre fueron buenos para nada; es decir, nunca supieron apelar a la prudencia en un momento de introspección, la más conspicua de las virtudes morales. Ni qué decir de las virtudes teologales socavadas por un sesgo en "...su religión no se lo permite" (La Venganza). El mundo está lleno de culpas.

Quizá sea intención del autor reflejar personajes guiados sólo por su voluntad, sin valorar la razón. De esos que pululan en cada esquina o manchitas de barrio que cualquier juerga es ocasión para campeonar o de quienes a pesar de tener consciencia de sus actos deciden persistir en el mal.

La inmadurez y estupidez estuvieron presentes de formas símiles en algún momento de la vida. Pero si no es la rectitud de la razón, aunque sea el simple sentido común el que nos ampare y libre de esas situaciones. Y si no es ninguna, que la luz de la fe nos ilumine.

De hecho, las vivencias reflejadas en cada microcuento apelan a una sociedad libre, de esas que reprochan la tradición, obediencia y el orden debido; magnificando las decisiones individuales sin hacer caso a ningún precepto con tal de que se gane. 

Creo que en este país se vive una cultura del vivo (o del pendejito), como él también critica y que sí evidencia relatos pichiruchentos (aludo a la dedicatoria).

Juan Carlos, ¿en qué momento se jodió el Perú?



NALVARTE, Juan Carlos, El Hombre de A Cero, Cascahuesos, Arequipa 2011.


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