viernes, 3 de febrero de 2012

¿Qué es la "ideología de género"?



José Bellido Nina


MENTIRAS FEMINISTAS: “GENERO”, DE LA FALACIA A LA IDEOLOGIA


El “género” es una categoría puramente ideológica: Ahora bien, si el género no tiene ninguna validez científica ni antropológica, el lector se preguntará legítimamente, ¿cuál es la causa de la constante “propaganda”, que se hace de dicho vocablo? La respuesta es sencilla: la llamada “perspectiva de género” es una ideología, una doctrina, no es ciencia, es una “creencia”.

Podría poner miles de ejemplos, hacer referencia a miles de citas que corroboran mi afirmación. Valga solamente una como muestra: en las reuniones preparatorias de la Conferencia de la ONU sobre la Mujer, que iban a tener lugar en Pekín el año 1995, se pretendió –y se logró-, introducir en el documento previo, el vocablo género -repetido más de cien veces-. Cuando dicha palabra fue cuestionada, la feminista ex diputada al Congreso de los EE.UU., Bella Abzug, respondió: “El concepto de género está enclavado en el discurso social, político y legal contemporáneos. Ha sido incorporado a la planificación conceptual, al lenguaje, los documentos y programas de las Naciones Unidas…”. Así pues, el concepto “género” es un asunto ideológico, utilizado con fines de “reingeniería social”.

Resumidamente: “La mal llamada ‘teoría’ -perspectiva, enfoque, etc.- de ‘género’ es, en realidad, una ideología… Y como toda ideología, no busca la verdad ni el bien de los demás, sino simplemente imponer un determinado modelo de sociedad, conseguir el poder, manipulando voluntades, para utilizarlas con fines claramente políticos y económicos…. Esa es la razón de que la ideología de género sea necesariamente ambigua. Utiliza el engaño como un medio imprescindible para alcanzar sus metas. La razón es obvia: quien pretende utilizar a los demás en su propio provecho, no puede decirlo abiertamente. El ideólogo utiliza el engaño como una herramienta diaria de trabajo, de modo semejante al carpintero que usa el torno, clavos y serrucho en forma permanente”.

La ideología de género niega abiertamente por principio, la naturaleza de las cosas y de las personas; porque reconocer la naturaleza lleva -necesariamente- a referirse a sus leyes. La necesidad argumental de negar la naturaleza, lleva a los ideólogos del género, a caer en flagrantes contradicciones y, además, a negar aspectos evidentes de la realidad. Y este es el rasgo más perverso de la doctrina de género. Esta ideología, por sus propias limitaciones intelectuales, se suponía (¡Incautos, aquellos que así pensaron!) que no podría aspirar a salir más allá de pequeños círculos esotéricos, compuestos por “resentidos sociales”, si no fuera por la utilización de una táctica de ‘lavado de cerebro’, al estilo sectario, pero con dimensiones globales. Esta táctica, la de manipular conciencias, se aplica utilizando los mal llamados ‘medios de comunicación social” (En realidad son medios de propaganda y de publicidad. El teléfono es, propiamente, un medio de comunicación, porque intercomunica a dos personas; los periódicos, la radio y la televisión, son unidireccionales, de modo que no hay propiamente comunicación alguna, entre seres humanos; sino sólo propagación de ideas (propaganda), o publicidad de productos y servicios. El principal éxito de los medios, es hacernos creer que son medios de “comunicación”…. socialmente’), y por supuesto, se remata la faena utilizando el sistema educativo formal. La estrategia tiene tres etapas:
a) La primera consiste en utilizar una palabra del lenguaje común, cambiándole el contenido en forma subrepticia;
b) luego, se va ‘bombardeando’ a la opinión pública, a través de los medios de comunicación de masas y la escuela -esto último por la mayor receptividad de los niños y los adolescentes-, utilizando la vieja palabra, pero acercándose progresivamente al nuevo significado de la misma; y
c) finalmente la gente acepta el término antiguo, con el nuevo contenido. El prototipo de esta táctica es la palabra ‘género’.

Veamos: “En la gramática se define el género masculino o femenino de las palabras, de manera arbitraria -es decir, sin que tenga relación alguna con la sexualidad, por ejemplo: la mesa es de género femenino y el vaso es de género masculino, sin que en ninguno de ambos casos, haya connotación sexual alguna.

Extrapolando esto a los seres humanos, se pretende sostener que hay un sexo biológico, que nos es dado y, por ende, resulta definitivo; pero -a la vez-, toda persona puede construir libremente su sexo psico-social o ‘género’. Al principio, se usan los términos sexo y género, de modo intercambiable, como si fueran sinónimos y luego, cuando la gente ya se ha acostumbrado a utilizar la palabra género, se le va añadiendo, imperceptiblemente, el nuevo significado de ‘sexo construido. En contraposición al sexo biológico. El proceso final, es el común de los mortales hablando de género, como una autoconstrucción libre de la propia sexualidad. Y como resultado, el lavado de cerebro…
“La libertad para ‘construir’ el propio ‘género’, se interpreta como autonomía absoluta, en dos sentidos simultáneos:
1º) cada uno interpreta como lo desea, “qué es ser varón y qué es ser mujer”, a gusto del consumidor; interpretación que, además, podrá variar cuantas veces el individuo lo estime conveniente; y
2º) cada persona puede elegir hoy y ahora, si quiere ser varón o mujer -con el contenido subjetivo que ella misma haya dado a esos términos-, y cambiar de decisión cuantas veces le plazca.
A esa elección absolutamente autónoma, la denominan ‘opción sexual’.
Ahora bien, en la ‘construcción del género’, interviene también la percepción que el resto de la sociedad tiene, sobre lo que es ser varón o ser mujer. Y esto crea una doble “interacción”: por un lado, cada persona con su concepción del género influye en la sociedad; y por el otro, la sociedad toda influye en lo que cada persona percibe, como el contenido del género; y por esto se afirma que el género sería: el ‘sexo socialmente construido’.

Otro aspecto que importa subrayar, es que si el género se construye autónomamente, no tienen sentido -es más, serían ideas perniciosas-, las concepciones de la complementariedad de los sexos y, por ende, la norma de la heterosexualidad en las relaciones humanas. El matrimonio sería una opción para quienes la quieran, pero es una opción más, de igual valor que la cohabitación sin compromisos, las relaciones ocasionales, la prostitución, la homosexualidad, la pederastia, el bestialismo, etc. Cada uno elige autónomamente lo que quiere y le gusta, y no sólo nadie debe impedírselo, sino que el Estado debe facilitarle los medios a cada persona, para satisfacer sus instintos sexuales a su gusto, sin correr el riesgo de un ‘embarazo no deseado’, o de contraer una enfermedad transmitida por vía sexual. El único límite es la violación de la libertad sexual de un tercero. A todo ello se refieren quienes nos hablan de los ‘derechos sexuales y reproductivos’, reivindicados, por supuesto, por el feminismo fundamentalista.

Según su entender, el del feminismo actual, subvencionado y políticamente correcto, la ‘desigualdad de género’ sería la que ocurre, cuando son los varones quienes predominan en la vida pública, en el poder político y en el trabajo; y las mujeres en la vida privada, en el hogar y en la procreación; ésta desigualdad impide a las mujeres participar en la vida pública y, por ende, tener poder. Esto explica que la maternidad es vista como un mal por el feminismo radical, y por eso reivindica el “derecho al aborto”. Lo que los partidarios de tan perversa ideología, llaman ‘empoderamiento’ de la mujer, tendería a superar la ‘desigualdad de género’, haciéndola participar del poder y de la vida pública. Por el contrario, la “igualdad de género” implicaría que mujeres y varones somos iguales, pero en el sentido de seres idénticos, y no en el tener igual dignidad y derechos. Esto es una consecuencia del dogma, del axioma, según el cual todo ser humano podría -con autonomía absoluta-, elegir su propio género, ya que esto vale tanto para varones como para mujeres. Por ello, la diferencia biológica sexual, es percibida casi como una provocación a la confrontación, y no como una llamada a la complementariedad.

Otros conceptos derivados de esta doctrina son el ‘sexismo’ y la ‘homofobia’. El ‘sexismo’ sería poner cualquier límite a la conducta sexual -por ejemplo, penalizar la prostitución, la pornografía, la esterilización voluntaria, la homosexualidad, etc., serían leyes ‘sexistas’-. Si cada uno construye su género autónomamente, y no hay leyes de la naturaleza, es tan válido ser heterosexual que homosexual, bisexual, transexual, travestido, “transgénero”, y todas las modalidades inventadas o por inventar.

La ‘homofobia’, sería considerar que las relaciones naturales entre los seres humanos, son las heterosexuales; eso es tener fobia a la igualdad -entendida como identidad- entre los géneros… En definitiva, se trata de imponer una nueva antropología, que es el origen de una nueva cosmología, y promueve un cambio total (evidentemente, al proponer un cambio total, al pretender dar soluciones globales, “totales” a la problemática humana, la doctrina de género, indudablemente se convierte en ideología totalitaria) en las pautas morales de la sociedad.

El ideólogo de género es un fanático, que procura inculcar a sus seguidores su propio fanatismo; esta actitud es un buen punto de partida para el “éxito” de la ideología, pues favorece su expansión y, a la vez, oculta los aspectos más débiles de ese cuerpo doctrinal. Además, el “éxito” de la ideología de género radica, en que es multifuncional. En efecto, es útil para:
a) toda persona o grupo que pretende un poder hegemónico sobre determinada sociedad; pues idiotiza y narcotiza, al grueso de los ciudadanos;
b) los países ricos, que pretenden mantener su hegemonía geopolítica; mediante el control de la natalidad en los países pobres (ya hablaremos en otra ocasión de las íntimas relaciones entre ideología de género y determinadas multinacionales…);
c) las feministas de género; en su lucha dialéctica contra los varones;
d) el lobby homosexual; que encuentra aquí una justificación pretendidamente científica, de sus “desviaciones”;
e) los “profesionales” y “expertos”; que viven y medran de la divulgación de esta ideología: ciertos burócratas de la O.N.U., organismos multilaterales e internacionales y de diversos gobiernos, sexólogos, psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales, docentes, terapeutas sexuales, “derechohumanólogos” y “ongs”, etc.
f) los que se lucran con la industria del sexo: rufianes, pornócratas, tratantes de blancas y de menores, travestis, fabricantes de contraceptivos, etc.
g) los medios de propaganda; pues requieren un pueblo que no haya aprendido a pensar, para que absorba acríticamente, las ideas que ellos propagan.

Entre muchos otros, todos estos grupos interesados confluyen -en bien orquestadas campañas-, para la difusión de la ideología de género.


Hemos recorrido el camino que va de ciertas falacias a una ideología perversa. Urge retornar al realismo antropológico, para comprendernos mejor -como varones y como mujeres-, y colaborar en el proyecto común, de hacer una humanidad mejor que la actual…



* Tomado de Que!

También puede consultarse:



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